domingo, 15 de enero de 2012

La Iniciación.

En estos momentos desearía ser como  alguno de mis ídolos, es decir, contar con miles de seguidores ávidos y expectantes por alguna de mis opiniones, dispuestos a leer alguna de mis extrañas opiniones en contra de las religiones, costumbres e infinidad de aspectos que nuestra sociedad nos impone como una marca de resignación.
Pero desafortunadamente no es así, simplemente soy yo, uno más. Escribiendo cosas que ni siquiera yo mismo entiendo y que seguramente ni siquiera la maestra ha de leer. Tantas veces deseamos gritar al mundo nuestro punto de vista, intentamos luchar contra toda la basura que nos asfixia y oprime con su hedor. Sin embargo, nunca lo conseguimos, porque nosotros mismos fabricamos nuestra propia basura contribuyendo al cúmulo infinito y cayendo sin remedio en ese círculo vicioso que llamamos libertad de expresión.
Qué frágil es la línea que separa la cordura del mundo real. En realidad, quién podría decirnos cuál es el camino correcto o cuál la opinión que merece ser escuchada y valorada. Mientras hallamos esa respuesta, simplemente resignémonos a ser aquellos que leemos y no quienes somos leídos. Juguemos el papel de espectadores puesto que nos han educado para ello, jamás nos han formado para desempeñar un papel protagónico, ni siquiera en nuestras “propias” vidas.

Gabriel TSAMK Pérez-Mahecha.

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